Él, el joven que vive bajo los temores de su
padre, de la humanidad que lo suprime en verbos irracionales aquel
humano que va caminando por el mundo con una prosa de razón, de que su
madre no estaba muerta como la gente cree; la bella señora dentro y fuera de el.
Su nombre sutil y su apellido de un mundo caótico de burlas lo han
adherido al último de los recuerdos que tiene de su antigua guardiana,
una magia de lo más poderosa; el amor por la vida.
Los sonoros
automóviles que surcan por la calle invisten su cabello rizado,
descubriendo su rostro; la gente que mira su cara de tristeza apunta a
su herida en la mejilla, de a aquellas cortaduras hechas por el hombre
ruco.
Detiene su caminar, y da vuelta todo el lugar; aquella,
su casa y hogar ya hace en el ardor del fuego consumidor, Dios no ha
tenido compasión.
No sabe como ni por que, pero sus piernas ha
tirado a correr. La gente ya no lo mira más a él, ahora observan la
llegada de los cascos rojos, de los centinelas con sus luces rojas y
azules; al joven lo ha consumido uno de los sentimientos más poderosos
que tiene el hombre, el miedo.
Ya ha llegado a donde habita su
usurpador, el lugar donde también vive una pequeña niña de nombre
Anabel, la criatura humana más gentil que ha podido conocer, aquella que
lo protege y limpia su rostro negro de polvo cuando el ruco lo corrompe
de labores.
Seco como el desierto pronuncio a dolor de
garganta, el nombre de su hermana. Los vecinos lo tomaron por la espalda
y de los brazos, interrumpiendo su abatida entrada al recinto. ¿Qué
hace un hombre que todo lo ha perdido y lo ultimo que le queda esta a
punto de perderlo? ¿Qué hace? Hace todo lo posible para no dejarlo ir.
Tirado en el suelo, aclamando a puños en la tierra, el joven de risos
dorados le ha brotado la irá de la ineptitud; en ese instante un bombero
va cruzando la calle y la ineptitud ha sido contagiada a un conductor,
el hombre rojo, como una lanza ha sido catapultado; su cuello como un
búho ha quedado.
La gente vuelve a gritar, y él con sus ojos
negros vuelto a llorar; aquel hombre llevaba una niña, aquella niña era
su hermana entre los brazos del hombre, la pequeña fue arrollada por él
inepto conductor. La irá de creador no pudo haber sido más grande.
Tanta desgracia para sola una persona, puede ser verdad, pero en un
mismo día no hay razón para explicar. ¿Dios existirá? Pensaba la mente
del chico, por que aquel momento paresia que era solo un cuento más que
relatar.
El incendio termino, su casa no era igual; era sutil y
tan viril. No tuvo tiempo de actuar, la gente fue cobarde, como aquel
muerto que no evitó su inoportunidad.
Pasaron unos días después
del siniestro que orillo a un hombre a prisión, lo ultimo que quedo se
le fue otorgado. Eso era una caja de madera a punto de podrido, en ella
un par de monedas, billetes y unas cartas. El chico dejo la caja al
lado, estaba en recamara de hospital.
Comenzó a divagar en su
mente, un extraño suceso psicológico lo orillo a voltear, levanto la
caja de la repisa metálica; tomó una de las hojas marchitas, en ella un
pétalo de rosa, debajo de este, las palabras de su madre. Ella esta
viva.