viernes, 21 de junio de 2013

Las cronicas de Mahalehut

Él, el joven que vive bajo los temores de su padre, de la humanidad que lo suprime en verbos irracionales aquel humano que va caminando por el mundo con una prosa de razón, de que su madre no estaba muerta como la gente cree; la bella señora dentro y fuera de el.

Su nombre sutil y su apellido de un mundo caótico de burlas lo han adherido al último de los recuerdos que tiene de su antigua guardiana, una magia de lo más poderosa; el amor por la vida.

Los sonoros automóviles que surcan por la calle invisten su cabello rizado, descubriendo su rostro; la gente que mira su cara de tristeza apunta a su herida en la mejilla, de a aquellas cortaduras hechas por el hombre ruco.

Detiene su caminar, y da vuelta todo el lugar; aquella, su casa y hogar ya hace en el ardor del fuego consumidor, Dios no ha tenido compasión.

No sabe como ni por que, pero sus piernas ha tirado a correr. La gente ya no lo mira más a él, ahora observan la llegada de los cascos rojos, de los centinelas con sus luces rojas y azules; al joven lo ha consumido uno de los sentimientos más poderosos que tiene el hombre, el miedo.

Ya ha llegado a donde habita su usurpador, el lugar donde también vive una pequeña niña de nombre Anabel, la criatura humana más gentil que ha podido conocer, aquella que lo protege y limpia su rostro negro de polvo cuando el ruco lo corrompe de labores.

Seco como el desierto pronuncio a dolor de garganta, el nombre de su hermana. Los vecinos lo tomaron por la espalda y de los brazos, interrumpiendo su abatida entrada al recinto. ¿Qué hace un hombre que todo lo ha perdido y lo ultimo que le queda esta a punto de perderlo? ¿Qué hace? Hace todo lo posible para no dejarlo ir.

Tirado en el suelo, aclamando a puños en la tierra, el joven de risos dorados le ha brotado la irá de la ineptitud; en ese instante un bombero va cruzando la calle y la ineptitud ha sido contagiada a un conductor, el hombre rojo, como una lanza ha sido catapultado; su cuello como un búho ha quedado.

La gente vuelve a gritar, y él con sus ojos negros vuelto a llorar; aquel hombre llevaba una niña, aquella niña era su hermana entre los brazos del hombre, la pequeña fue arrollada por él inepto conductor. La irá de creador no pudo haber sido más grande.

Tanta desgracia para sola una persona, puede ser verdad, pero en un mismo día no hay razón para explicar. ¿Dios existirá? Pensaba la mente del chico, por que aquel momento paresia que era solo un cuento más que relatar.

El incendio termino, su casa no era igual; era sutil y tan viril. No tuvo tiempo de actuar, la gente fue cobarde, como aquel muerto que no evitó su inoportunidad.

Pasaron unos días después del siniestro que orillo a un hombre a prisión, lo ultimo que quedo se le fue otorgado. Eso era una caja de madera a punto de podrido, en ella un par de monedas, billetes y unas cartas. El chico dejo la caja al lado, estaba en recamara de hospital.

Comenzó a divagar en su mente, un extraño suceso psicológico lo orillo a voltear, levanto la caja de la repisa metálica; tomó una de las hojas marchitas, en ella un pétalo de rosa, debajo de este, las palabras de su madre. Ella esta viva.